La infraestructura de recarga para vehículos eléctricos continúa creciendo en España. Poco a poco, las estaciones de carga empiezan a formar parte del paisaje habitual en ciudades, áreas de servicio, aparcamientos y corredores estratégicos de transporte. Aunque todavía existen desafíos importantes relacionados con la velocidad de carga y la operatividad de muchas instalaciones, los últimos datos reflejan una evolución sostenida del sistema de recarga público.
Según el último Barómetro de la Electromovilidad publicado por la ANFAC, España cerró el primer trimestre de 2026 con 55.077 puntos de recarga de acceso público operativos, tras sumar 2.005 nuevas instalaciones entre enero y marzo.
El incremento supone un crecimiento del 3,77% respecto al cierre de 2025 y confirma que la red continúa expandiéndose en un momento clave para la transformación de la movilidad.
La red de recarga gana presencia en toda España
Durante los últimos años, uno de los principales frenos para muchos conductores interesados en pasarse al coche eléctrico ha sido la percepción de que todavía faltaban puntos de recarga suficientes para viajar con tranquilidad.
Sin embargo, esa imagen empieza a cambiar de forma progresiva. La instalación de nuevos cargadores públicos está permitiendo que la infraestructura gane visibilidad y presencia tanto en grandes ciudades como en rutas interurbanas.
El crecimiento registrado en el primer trimestre de 2026 duplica el ritmo observado en el último tramo de 2025. Aun así, el sector considera que todavía es necesario acelerar el despliegue para responder al aumento previsto del parque de vehículos electrificados durante los próximos años.
Más allá de las cifras, el desarrollo de esta infraestructura tiene un impacto directo en la experiencia cotidiana de los usuarios. Para muchos conductores, disponer de puntos de carga accesibles y fiables influye tanto como la autonomía del propio vehículo a la hora de tomar la decisión de compra.
El gran reto no es solo instalar cargadores, sino mantenerlos operativos
Uno de los aspectos que más preocupa actualmente al sector es el elevado número de puntos instalados que todavía no pueden utilizarse.
Según el informe, en España existen 17.073 puntos de recarga públicos fuera de servicio. Algunos presentan averías, otros todavía no están conectados a la red eléctrica y varios permanecen inactivos por problemas administrativos o técnicos.
En la práctica, esto significa que cerca del 24% de toda la infraestructura instalada no está disponible para los usuarios.
Si todos estos puntos estuvieran operativos, España superaría ya los 72.000 cargadores públicos.
El dato refleja que el crecimiento de la red no depende únicamente de instalar nuevos equipos. También requiere agilizar conexiones eléctricas, mejorar el mantenimiento y coordinar mejor los procesos administrativos. Para el conductor, la diferencia entre un cargador operativo y uno fuera de servicio puede traducirse en una experiencia positiva… o en un viaje lleno de incertidumbre.
La velocidad de carga sigue marcando diferencias
Otro de los desafíos pendientes tiene que ver con la potencia de los cargadores instalados.
Actualmente, el 69% de los puntos de recarga públicos en España son de baja potencia, es decir, iguales o inferiores a 22 kW. Este tipo de cargadores resulta útil en aparcamientos, centros comerciales o lugares donde el vehículo permanece estacionado durante varias horas, pero ofrece tiempos de carga considerablemente más largos.
En muchos casos, una recarga completa puede superar las tres horas.
Por ello, la expansión de los cargadores rápidos y ultrarrápidos se ha convertido en una prioridad para el sector. No solo facilitan viajes largos, sino que también ayudan a que el vehículo eléctrico pueda adaptarse a un uso más flexible y cotidiano.
Actualmente, solo el 31% de la infraestructura pública supera los 22 kW, todavía lejos del objetivo fijado por ANFAC para 2026, que sitúa la meta en el 55%.
Los cargadores rápidos avanzan a buen ritmo
Pese a que la red de baja potencia sigue predominando, los datos del primer trimestre muestran avances importantes en los segmentos más rápidos.
Entre enero y marzo de 2026 se instalaron:
- 476 nuevos puntos de entre 50 y 150 kW, alcanzando un total de 9.015 unidades.
- 215 cargadores de entre 150 y 250 kW, hasta llegar a 3.206 puntos.
- 309 nuevos puntos ultrarrápidos de más de 250 kW, que elevan el total nacional hasta 2.469 unidades.
Este último segmento es especialmente relevante porque permite reducir de forma considerable los tiempos de espera durante la recarga. En muchos casos, este tipo de cargadores puede recuperar gran parte de la batería en menos de media hora.
Además, los puntos ultrarrápidos instalados durante el primer trimestre representan ya el 43% de todos los desplegados a lo largo de 2025, lo que demuestra una clara aceleración en este tipo de infraestructura.
Los fabricantes toman protagonismo en el despliegue
El crecimiento de la red también está contando con una participación cada vez más activa de los fabricantes de automóviles.
Según ANFAC, aproximadamente el 75% de los puntos públicos de alta potencia instalados actualmente en España están vinculados a proyectos impulsados por marcas automovilísticas.
Este movimiento refleja cómo la electrificación se ha convertido en una estrategia global para el sector. Ya no se trata únicamente de vender vehículos eléctricos, sino también de crear un ecosistema capaz de hacer viable su uso diario.
Las marcas saben que la confianza del conductor depende en gran medida de la facilidad para recargar. Por eso, muchas compañías están invirtiendo directamente en redes de carga rápida, acuerdos energéticos y corredores eléctricos.
Una transformación que ya forma parte del paisaje cotidiano
La movilidad eléctrica sigue avanzando en España de manera progresiva y todavía convive con retos importantes. Sin embargo, la expansión de la infraestructura de recarga demuestra que el cambio ya no pertenece únicamente al futuro.
Cada nuevo punto operativo amplía las posibilidades de desplazamiento y reduce las barreras para quienes valoran dar el salto hacia un vehículo electrificado. El desafío ahora pasa por mejorar la calidad, la fiabilidad y la velocidad de una red que será cada vez más importante en la vida diaria de millones de conductores.




