La transición ecológica ya forma parte del día a día de España. Está presente en la manera de producir energía, en cómo se mueven las ciudades, en las decisiones de la industria y también en los hábitos de consumo de los hogares. Sin embargo, los avances logrados hasta ahora todavía no son suficientes para cumplir los compromisos climáticos fijados por la Unión Europea.
Un nuevo análisis publicado por Funcas advierte de que España necesita reducir un 43 % adicional sus emisiones de gases de efecto invernadero para alinearse con el Objetivo 2030 europeo, que plantea un recorte del 55 % respecto a los niveles de 1990.
El informe, incluido en el número 187 de Papeles de Economía Española, examina cómo está evolucionando la descarbonización en distintos ámbitos de la economía y muestra un escenario complejo: mientras algunos sectores avanzan con rapidez, otros continúan encontrando importantes dificultades para cambiar de modelo.
El transporte sigue siendo uno de los principales desafíos
Uno de los mensajes más claros del estudio es que el transporte continúa siendo uno de los grandes retos climáticos de España.
Los investigadores Jesús Rodríguez, Gustavo Marrero y Andrés Lorente señalan que, aunque la eficiencia energética ha mejorado en las últimas décadas, la reducción real de emisiones avanza más lentamente de lo necesario.
El motivo no responde a una sola causa. España sigue dependiendo en gran medida del coche privado, especialmente en desplazamientos diarios y trayectos interurbanos. A ello se suma un parque automovilístico envejecido y unas diferencias territoriales que condicionan el acceso al transporte público o a infraestructuras de recarga.
El resultado es una transición desigual, donde la movilidad sostenible gana terreno, pero todavía convive con modelos de desplazamiento muy dependientes de los combustibles fósiles.
Cada comunidad autónoma avanza a un ritmo distinto
La investigación también refleja que la transición climática no se desarrolla de la misma manera en todo el país.
En comunidades como Galicia, Cantabria, La Rioja o Asturias, la reducción de emisiones se ha apoyado principalmente en mejoras de eficiencia energética y en una menor demanda eléctrica.
En cambio, territorios como Aragón, Andalucía, Islas Baleares o Comunidad Valenciana han conseguido avanzar gracias al crecimiento de las energías renovables.
Los datos muestran diferencias llamativas. Entre 2019 y 2023, Galicia y Aragón lograron reducciones cercanas al 30 %, claramente por encima de la media nacional, situada en torno al 17 %.
Detrás de estas cifras aparecen factores como la estructura industrial, el peso de las renovables, el consumo energético o incluso la densidad de población.
La industria afronta una transformación compleja
La descarbonización industrial es otro de los grandes ejes analizados en el monográfico. El estudio revisa el impacto del PERTE de descarbonización industrial, que ya ha movilizado 530 millones de euros en subvenciones directas para impulsar proyectos de transformación energética.
Sin embargo, el investigador Pedro Linares considera que existen obstáculos importantes que podrían ralentizar los resultados esperados.
Entre ellos destaca la dificultad de ejecutar grandes inversiones en plazos muy reducidos y la falta de tecnologías suficientemente maduras o competitivas en algunos sectores industriales.
Además, el experto subraya que muchas empresas necesitan algo más que ayudas iniciales para invertir. En algunos casos, los costes operativos derivados de la transición energética siguen siendo demasiado elevados para acelerar determinados cambios productivos.
La automoción española avanza, pero con menos velocidad que otros países
La transformación del automóvil ocupa un lugar destacado dentro del estudio. España continúa siendo una de las principales potencias europeas de fabricación de vehículos, pero la adaptación al coche eléctrico está siendo más lenta que en otros mercados europeos.
Las investigadoras Esther Gordo y María J. Moral apuntan que los grandes grupos con fábricas en España están evolucionando hacia la electrificación con menor rapidez que la industria alemana.
Esta situación genera inquietud en un contexto en el que Europa continúa siendo el principal destino de exportación de los vehículos fabricados en España.
Más allá de las cifras de producción, la transición también afecta al empleo, a la red de proveedores, a los talleres y a toda la cadena de valor vinculada al automóvil.
Las ciudades cambian, pero el coche privado mantiene su peso
El estudio también analiza las políticas de movilidad urbana implantadas en muchas ciudades españolas durante los últimos años.
Las subvenciones al transporte público o las zonas de bajas emisiones han contribuido a impulsar el uso del transporte colectivo. Sin embargo, los investigadores Albert Gragera y Anna Matas consideran que su impacto global sobre las emisiones sigue siendo limitado.
Según explican, muchas personas continúan utilizando el coche privado porque perciben que sigue siendo la alternativa más rápida, flexible o cómoda para determinados desplazamientos.
Por eso, los expertos sostienen que la transición urbana no depende únicamente de restringir el tráfico o abaratar el transporte público. También requiere mejorar frecuencias, reducir tiempos de viaje y ofrecer una experiencia de movilidad más eficiente y fiable.
Los hábitos cotidianos también influyen en la huella climática
El informe dedica además una parte importante al papel de los hogares en la reducción de emisiones.
Los investigadores María Victoria Román, Arkaitz Usubiaga-Liaño e Iñaki Arto concluyen que el nivel de gasto sigue siendo uno de los factores que más condicionan las emisiones asociadas al consumo.
La alimentación, el transporte, la climatización del hogar o el consumo energético cotidiano forman parte de una huella ambiental que todavía se encuentra lejos de los niveles compatibles con los objetivos de descarbonización.
Aun así, el estudio también detecta señales positivas. Existen hogares españoles que ya mantienen patrones de consumo con una huella considerablemente más baja, lo que permite identificar prácticas y hábitos que podrían extenderse progresivamente.
Europa necesita acelerar el ritmo de la transición
El análisis de Funcas no se limita a España. El monográfico también advierte de que la propia Unión Europea afronta dificultades para alcanzar sus metas climáticas si no acelera el proceso de transformación energética y económica.
El objetivo europeo pasa por reducir al menos un 55 % las emisiones antes de 2030 y alcanzar la neutralidad climática en 2050. Sin embargo, los distintos trabajos coinciden en que la velocidad actual todavía no garantiza ese escenario.
En paralelo, el investigador Gerard Llobet recuerda que las consecuencias del cambio climático no afectarán a todos los países por igual. Las economías más desarrolladas cuentan con más recursos para adaptarse y amortiguar sus efectos, mientras que otras regiones serán mucho más vulnerables.
La transición climática, por tanto, no solo plantea un desafío tecnológico o económico. También abre un debate sobre competitividad, calidad de vida, desigualdad y capacidad de adaptación en las próximas décadas.












