miércoles, 20 de mayo de 2026

El Estudio de Movilidad 2026 confirma el predominio del coche frente a alternativas sostenibles

El último informe de Ipsos sobre movilidad en 2026 retrata una realidad tan reconocible como compleja: la ciudadanía apuesta por una movilidad más sostenible, pero sigue confiando en el coche como eje de sus desplazamientos. No se trata de una contradicción, sino de un equilibrio aún no resuelto entre conciencia y hábito.

La sostenibilidad avanza… la comodidad manda

En los últimos años, el discurso medioambiental ha calado con fuerza en la sociedad española. Sin embargo, cuando se analizan los comportamientos reales, el coche continúa ocupando una posición central.

El 83% de los españoles dispone de vehículo propio, y dos de cada tres lo utilizan al menos una vez al mes. Más allá de la frecuencia, el dato clave es otro: casi la mitad lo considera su medio de transporte habitual, muy por encima de cualquier alternativa.

Caminar o utilizar el transporte público forman parte del día a día, sí, pero no compiten en términos de preferencia. El coche sigue siendo la opción más cómoda, más flexible y, en muchos casos, la más integrada en la rutina diaria.

Más que un medio de transporte: un hábito profundamente arraigado

El estudio va un paso más allá y revela algo especialmente significativo: la relación con el coche no es solo práctica, también es cultural.

Aunque una parte relevante de la población reconoce que podría prescindir de él, la mayoría no quiere hacerlo. El vehículo privado representa autonomía, control del tiempo y una sensación de seguridad difícil de sustituir.

A esto se suma un dato estructural: la gran mayoría del parque móvil sigue dependiendo de motores tradicionales, y una parte muy significativa de los coches han sido adquiridos nuevos. Esta inversión económica refuerza aún más la permanencia del modelo actual.

Alternativas disponibles… pero aún en segundo plano

España no carece de alternativas. De hecho, el estudio refleja que caminar y el transporte público forman parte habitual de la movilidad cotidiana. Además, este último goza de una valoración positiva en términos de seguridad, accesibilidad y coste.

La clave está en que, aunque estas opciones están presentes, no consiguen desplazar al coche en preferencia real. Incluso cuando se introduce el factor medioambiental, la decisión final sigue condicionada por la practicidad.

Aun así, hay señales claras de apertura al cambio. Una parte importante de la población apoyaría medidas que incentiven el uso de vehículos eléctricos o que regulen el tráfico en entornos urbanos. La aceptación social existe, pero necesita acompañarse de soluciones eficaces.

Un futuro más activo, más limpio… y todavía incierto

Cuando se pregunta por el futuro, la respuesta es clara: los ciudadanos imaginan una movilidad más saludable y sostenible. Caminar, usar la bicicleta o reducir la dependencia del coche aparecen como aspiraciones compartidas.

En paralelo, el coche eléctrico empieza a consolidarse en el imaginario colectivo. Casi la mitad de la población cree que su adopción crecerá de forma significativa en los próximos años, y una proporción similar lo asocia con beneficios medioambientales.

Sin embargo, la transición no está exenta de dudas. Persisten barreras de percepción, dudas sobre su conveniencia y una cierta resistencia al cambio que ralentiza su adopción.

El verdadero desafío: cerrar la brecha entre intención y realidad

El Estudio de Movilidad 2026 deja una conclusión clara: España no tiene un problema de concienciación, sino de transformación práctica.

La ciudadanía está dispuesta a avanzar hacia modelos más sostenibles, pero no a costa de renunciar a la comodidad que hoy ofrece el coche. El reto pasa por lograr que las alternativas no solo sean más ecológicas, sino también igual de eficientes, accesibles y adaptadas a la vida real.

Solo entonces será posible que el cambio deje de ser una intención… y se convierta en un hábito.