lunes, 9 de marzo de 2026

La tensión en el estrecho de Ormuz introduce nuevos riesgos para la industria automovilística mundial

La escalada del conflicto en Irán abre un nuevo foco de incertidumbre para la industria del automóvil a nivel global. Según datos recopilados en un reportaje del diario ABC, la situación podría alterar el proceso de recuperación que el sector venía experimentando tras varios años marcados por la pandemia, la crisis logística y el encarecimiento de las materias primas.

Más allá de las consecuencias directas para los consumidores —que ya empiezan a percibir subidas en los precios de los combustibles—, los fabricantes observan con cautela el posible impacto del conflicto en los costes energéticos, la logística internacional y las cadenas de suministro.

Energía y logística: los dos grandes riesgos

Uno de los principales factores de preocupación es el precio del crudo. La fabricación de vehículos es un proceso intensivo en consumo de electricidad y gas, por lo que cualquier incremento en el coste de la energía repercute directamente en los gastos operativos de las plantas de producción.

Si el conflicto se prolonga, el sector teme un repunte significativo de los precios energéticos, lo que encarecería la producción de vehículos.

A este escenario se suma la presión sobre la logística global. El aumento del precio de los carburantes y las posibles interrupciones en rutas comerciales estratégicas —como el estrecho de Ormuz, uno de los principales puntos de tránsito del petróleo mundial— podrían complicar la distribución de vehículos y componentes.

En algunos casos, el desvío de buques por el Cabo de Buena Esperanza añade hasta 14 días a los tiempos de transporte, lo que retrasa las entregas y eleva los costes logísticos.

Las marcas chinas, las más expuestas

Según un informe de la consultora Bernstein, la crisis geopolítica podría afectar especialmente a los fabricantes chinos, que han reforzado su presencia comercial en Oriente Medio durante los últimos años.

En 2025, Oriente Medio absorbió el 17% de las exportaciones de turismos de China, tras un crecimiento del 59% anual en el último lustro.

El informe identifica a varios fabricantes con una elevada exposición al mercado regional:

  • Jianghuai (JAC): el 9% de sus ventas depende directamente de la región.

  • SAIC: alrededor del 7% de su negocio está vinculado a estos mercados.

  • Chery: cerca del 6% de sus ventas, además de una cuota del 6% dentro del propio mercado iraní.

Esta dependencia convierte a las marcas chinas en las más vulnerables ante una posible desestabilización económica o comercial en la zona.

Europa observa con cautela el impacto

En el caso de los fabricantes europeos, la exposición es más moderada, aunque la región sigue siendo relevante desde el punto de vista comercial.

Según datos de Bernstein, Oriente Medio y África generaron en 2025 unos ingresos operativos ajustados de 1.360 millones de euros para Stellantis, con un margen operativo del 14%.

Desde Stellantis España han señalado a ABC que, por ahora, las plantas españolas no mantienen flujos directos de producción ni exportación con Irán, aunque reconocen que todavía es pronto para evaluar el impacto que podría tener un eventual cierre del estrecho de Ormuz en la cadena logística.

El grupo Volkswagen también mantiene una postura prudente. Su consejero delegado, Oliver Blume, ha afirmado que:

«Aparentemente, podemos decir que tenemos todo bajo control, pero lo observaremos con atención».

En 2025, Volkswagen registró un crecimiento del 10% en las entregas en África y Oriente Medio, alcanzando 420.800 unidades, lo que convierte a esta región en un mercado estratégico para el fabricante alemán.

Japón y Corea, relativamente protegidos

Los fabricantes japoneses y coreanos parecen tener una exposición menor al mercado iraní.

Aunque Toyota lidera el mercado regional con una cuota del 17%, seguida por Hyundai con un 10%, su actividad se concentra principalmente en países como Arabia Saudí, lo que reduce el impacto directo del conflicto.

Desde Kia España han señalado que las rutas logísticas de los vehículos procedentes de Corea no atraviesan el estrecho de Ormuz, por lo que el suministro no se ve afectado por el momento.

El dilema de los combustibles

El conflicto también está teniendo repercusiones en los precios de la energía.

El estrecho de Ormuz canaliza aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial, lo que lo convierte en uno de los puntos más sensibles del sistema energético global.

Según la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), el impacto en Europa podría ser menor que en Asia, ya que solo alrededor del 10% del petróleo que atraviesa este estrecho tiene como destino el continente europeo.

Sin embargo, las tensiones ya se reflejan en el mercado energético. Desde el inicio del conflicto:

  • La gasolina ha subido un 7% en la península y Baleares.

  • El gasóleo ha aumentado un 13%.

Mientras tanto, las cotizaciones internacionales han escalado con mayor intensidad:

  • Gasolina: +18,5%

  • Gasóleo: +47,5%

La Confederación Española de Estaciones de Servicio (CEEES) advierte de que los precios actuales aún no reflejan completamente los costes reales de aprovisionamiento, lo que sitúa a muchas estaciones de servicio en una posición financiera delicada.

Ante esta situación, la organización ha solicitado al Gobierno medidas fiscales temporales, como:

  • Reducir el IVA del combustible al 10%, o

  • Aplicar bonificaciones de hasta el 50% en el Impuesto Especial de Hidrocarburos.

Estas medidas permitirían abaratar el precio del carburante entre 15 y 22 céntimos por litro, según la asociación.

El coche eléctrico, alternativa frente a la volatilidad energética

En este contexto de incertidumbre, el vehículo eléctrico emerge como una alternativa menos expuesta a la volatilidad del petróleo.

Según Arturo Pérez de Lucia, director general de AEDIVE y vicepresidente de E-Mobility Europe, aunque existe una relación indirecta entre el petróleo y el precio de la electricidad, el impacto es significativamente menor que en los combustibles fósiles.

Además, desde el punto de vista energético, el vehículo eléctrico presenta una mayor eficiencia.

Mientras que los motores de combustión aprovechan solo entre el 20% y el 30% de la energía del combustible, los vehículos eléctricos transforman una mayor proporción de la energía consumida en movimiento.

Para los usuarios, la estrategia más eficaz frente a la volatilidad energética es el autoconsumo eléctrico, especialmente mediante la combinación de instalaciones solares domésticas y baterías de almacenamiento.

Daños colaterales en transporte, logística y neumáticos

El conflicto también puede provocar efectos indirectos en sectores vinculados al automóvil.

En el transporte pesado, el diésel representa hasta el 30% del coste total de propiedad de un camión, por lo que el encarecimiento del combustible puede reducir la rentabilidad de los operadores logísticos y frenar nuevos pedidos de vehículos industriales.

Por otro lado, el sector logístico español está adaptando sus operaciones mediante estrategias de diversificación. Muchas navieras han suspendido reservas hacia el Golfo, obligando a redirigir mercancías hacia puertos alternativos como Salalah o Sohar, en Omán, desde donde se redistribuyen mediante transporte terrestre o servicios marítimos secundarios.

Esta reorganización genera mayores costes operativos, congestión portuaria y retrasos logísticos, lo que está empujando a muchas empresas a abandonar el modelo just-in-time en favor de sistemas de almacenamiento estratégico.

Además, la industria del neumático también podría verse afectada. El petróleo es una materia prima clave para la fabricación de neumáticos, por lo que el aumento de su precio suele trasladarse al coste de producción con un desfase de pocos meses.

Una recuperación que vuelve a enfrentarse a la incertidumbre

La industria del automóvil ha superado en los últimos años múltiples perturbaciones: pandemia, escasez de semiconductores, inflación energética y tensiones comerciales.

Ahora, el conflicto en Irán introduce un nuevo factor de riesgo geopolítico que podría frenar la recuperación del sector, especialmente si se prolongan las tensiones en el estrecho de Ormuz y se intensifican las presiones sobre la energía y el transporte global.

Por el momento, fabricantes, distribuidores y operadores logísticos mantienen una actitud de vigilancia. Las próximas semanas serán decisivas para determinar si la crisis se traduce en un impacto estructural o en una perturbación temporal para el sector.